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13 Sep

¿Por qué jugar nos ayuda a aprender?

El juego y el aprendizaje

“No hay razón sin emoción”, dice el neurocientífico Francisco Mora. El juego nos emociona y nos divierte. Hace que nuestro cuerpo segregue dopamina, la química del aprendizaje. Facilita la creación de entornos distendidos, libres del peor enemigo que tiene nuestro cerebro: el estrés. Además, crea lugares donde explorar sin miedo y favorece la aparición de nuestro mejor aliado para aprender: el error.

El juego y el humor son los grandes facilitadores de la inteligencia y el aprendizaje. Salvador Vidal lleva 39 años divulgando los secretos de los números, primero como profesor de instituto y ahora como docente de Didáctica de las Matemáticas en la Universitat Internacional de Catalunya, de la que es vicerrector. Dicen que sabe cómo convertir una asignatura con fama de “hueso” en un dulce apetecible. En el 8º Congreso Iberoamericano de Educación Matemática, Vidal contó ante una audiencia repleta de profesores que las matemáticas hay que enseñarlas con humor.

 

“El buen humor es la alta velocidad de la creatividad”

Este profesor afirma que lo primero es trabajar la actitud. Romper la imagen temible que tienen las matemáticas y demostrar que pueden ser divertidas, además de útiles para la vida. Al comienzo de curso, lo primero que este profesor hace con sus alumnos es “contarles chistes, plantearles juegos y hacerles magia. Esto cambia la mirada. Por ahí puedo entrar”. Porque “recuerde: el buen humor es la alta velocidad de la creatividad”, le decía Vidal al periodista que le entrevistó para El Periódico de Cataluña el pasado mes de julio.

“El segundo paso es cambiar la forma de enseñar. Las matemáticas hay que explicarlas de lo real a lo abstracto. Hay que poner a los niños a jugar con peras y manzanas antes de hablarles de ecuaciones. Que toquen los números, que los manipulen, que les entren por los sentidos y les provoquen sentimientos, y luego iremos a conceptos y fórmulas. Hasta ahora hemos funcionado al revés, y este es el error. Las matemáticas deben enseñarse a través de las emociones”, afirma Vidal.

Según Marta Romo, pedagoga y especialista en neurociencia aplicada al liderazgo y la creatividad, la primera referencia sobre juegos que existe es del año 3000 a.C. Son considerados como parte de la experiencia humana y están presentes en todas las culturas. Los juegos preparan al hombre y a algunas especies para la supervivencia. Los mamíferos juegan para aprender, juegan a cazar en grupo, definir jerarquías, explorar, dividirse el trabajo… Crear juegos y aprender de ellos es la esencia de la evolución de la civilización. Pablo Herreros, sociólogo, experto en etología, primatología y orígenes del hombre, afirma que “a mayor inteligencia de la especie, mayor es el tiempo de juego”.

 

La importancia del error

El error es el gran aliado del aprendizaje y sin embargo es el más temido. En su libro en su libro “Entrena tu cerebro”, Romo califica el juego como “una actividad gratuita, desinteresada e intrascendente. Estas características hacen que no exista miedo al error, ya que no hay posibilidad de ningún fracaso. El fracaso forma parte del juego y se vuelve divertido”. Cuando jugamos, nos relajamos y estamos abiertos y disponibles para cualquier aprendizaje. Por eso, el juego es uno de los mejores facilitadores para nuestra inteligencia, porque los errores son para aprender y buscar soluciones; para mejorar, no para avergonzarnos o juzgar a los demás.

 

El factor sorpresa en el aprendizaje

El juego es atractivo para el cerebro, “porque hay movimiento, cambio, pasan cosas inesperadas… al cerebro le interesa lo que cambia, no lo constante”, afirma Romo. Si un ruido repetitivo se escucha durante unos segundos, al rato se ignora. Si algo es muy monótono, el cerebro desconecta. Por eso, introducir el juego, con la emoción de la sorpresa que le suele acompañar, en entornos de aprendizaje, puede ser altamente potente. Esto sucede porque cuando jugamos segregamos dopamina, epinefrina y norepinefrina, que es la química del efecto aprendizaje.

 

El factor sorpresa en el aprendizaje

 

Por su parte, Francisco Mora nos explica que “las emociones encienden y mantienen la curiosidad y la atención y con ello el interés por el descubrimiento de todo lo que es nuevo”. Por eso, todo acontecimiento nuevo asociado a un episodio emocional, bien sea de placer o de dolor, permite un mayor y mejor almacenamiento y evocación de lo sucedido. Ese es el motivo por el que ninguno de nosotros hemos olvidado, ni seguramente olvidaremos nunca, lo que estábamos haciendo cuando atentaron contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

De hecho, hay estudios científicos que corroboran que recibir una sorpresa antes o después del aprendizaje refuerza la memoria. El Laboratorio de Memoria del Instituto de Biología Celular y Neurociencia (IBCN), de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, ha publicado un estudio realizado a 1.600 alumnos, de entre siete y nueve años, en el que se ha podido comprobar que aquellos niños que realizaron una actividad sorpresa de tan sólo quince minutos antes o después de la clase retuvieron un 60 por ciento más de lo aprendido que quienes no realizaron esa actividad inesperada.

 

El juego y la creatividad

Los neurocientíficos nos aseguran que el cerebro es plástico y todos podemos aprender a ser más creativos. David Bueno i Torrens (Barcelona, 1965), divulgador, doctor en Biología y profesor de Genética, define la creatividad como “la capacidad de relacionar objetos o ideas aparentemente desconectados. Es máxima cuando somos pequeños, y disminuye con la edad”. Para impulsar la creatividad de los niños, el profesor Bueno nos recomienda que dejemos que los niños gestionen sus propios juegos, que no los pautemos en exceso. Y a medida que se van haciendo mayores y dejen de jugar, “enseñarles a ser críticos –la capacidad crítica se relaciona con la creatividad–, a mantener un buen sentido del humor –también el humor es creativo–, a hablar y discutir razonablemente y con argumentos sobre cualquier tema, etcétera. En definitiva, mantener viva la motivación para ver más allá de lo evidente”.

 

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Fotografías: Pixabay.com

 

Ana Díaz

Periodista.

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