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6 Jul

Educación para la Felicidad

Educación y felicidad

Todos queremos que nuestros hijos sean felices. ¿O no…?

 

El Departamento de Orientación del colegio de mi hijo nos convocó recientemente a los padres a una reunión. Nos pidieron que escribiéramos en varios post-it lo que más nos preocupaba de la educación de nuestros hijos. Después, los pegamos todos, haciendo una especie de collage, en la pared que teníamos frente a nosotros. Muchos de los post-it hablaban de preocupaciones meramente académicas: que hay pocas clases de matemáticas y lengua, que los profesores ponen pocos deberes, que el currículum académico es escaso… Otros se referían a temas de salud, relaciones sociales, compañerismo etc… Y una tercera parte, bastante amplia por ciento, expresaba su preocupación por la falta de motivación por las tareas escolares. Sólo uno de los post-it hablaba de la felicidad. Cuando la orientadora que dirigía la charla leyó todos en voz alta al finalizar la sesión, uno de los padres apostilló la frase que hablaba sobre la felicidad con un comentario jocoso y despectivo que me dejó bastante perpleja.

A mí me gusta pensar que educo a mi hijo para la vida, como decía Aristóteles, y espero que en el colegio hagan lo mismo. No me importa tanto la cantidad de conocimientos que almacene en su cabeza como que sepa utilizarlos y aprenda a decidir por sí mismo. Sí, lo confieso, soy de esos locos que valoran la felicidad por encima de todo. Igual estoy equivocada, pero defiendo a capa y espada que la vida no es un valle de lágrimas y que estamos aquí para ser felices y hacer felices a los demás. Para mí la felicidad no es algo trivial, es algo que me tomo muy en serio. Creo que si vas a tener que trabajar durante toda la vida, lo mejor es que te dediques a algo que te haga feliz. Y si tienes la mala suerte de que no te gusta lo que haces, que sepas darle la vuelta a todo para conseguir ser feliz.

A mí lo que realmente me preocupa es que mi hijo sea capaz de conocerse y de elegir lo que más le conviene en cada momento. Me importa poco si se sabe al dedillo los tiempos verbales o si hace sumas sin cometer un solo error. La verdad, no pretendo que sea una calculadora humana, prefiero que aprenda esos hábitos y estrategias que le ayudarán a conseguir sus objetivos. Como madre, me gustaría que, cuando llegue el momento de elegir, sepa lo que quiere y qué tiene que hacer para alcanzarlo. Para eso le educo. Ese es mi objetivo.

 

Educar para la vida es educar para la Felicidad”

 

Acumular conocimientos sin sentido y meterlos a presión de forma repetitiva y monótona, sin alentar ningún tipo de emoción, ni curiosidad, no sirve para nada y desmotiva al más pintado. Por el contrario, entrenar estrategias, hábitos y actitudes, como aprender a escuchar, expresar opiniones, trabajar en equipo y hablar en público, es mucho más importante y necesario a edades tempranas que saberse los verbos de memoria. Creo que lo primero es entrenar la razón para saber gestionar las emociones, las pasiones, que decía Aristóteles. Después se alimenta a la razón, entendida como conocimiento o intelecto. Y si puede ir todo junto, en armonía, pues mejor que mejor. De ahí viene aquella frase de Aristóteles: “Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto”.

Los privilegiados que vivimos en las sociedades occidentales hablamos mucho de la felicidad, pero la vemos como algo intangible, una quimera inalcanzable íntimamente relacionada con el dinero. Reconozcámoslo, en ocasiones, incluso lo confundimos. Mucha gente no está segura de que exista y pocos saben definirla. Sin embargo, cuando los griegos hablaban de Felicidad hablaban de algo muy serio. Consideraban la Felicidad como un modo de vida. No la identificaban con acontecimientos puntuales u ocasionales como hacemos actualmente. Aristóteles entendía la Felicidad como virtud, como el fin de todas nuestras acciones, y la relacionaban con el desarrollo de nuestra propia naturaleza. Según este razonamiento, educar para la vida es educar para la Felicidad. Así lo entiendo yo también. ¿Y si no educamos a nuestros hijos para la Felicidad, para qué les educamos entonces?

 

PARA SABER MÁS:

  • La Paideia griega. Tomás Calvo. Revista de Filosofía, nº 30, 2003, 9-21.
  • Aristóteles: Ética Nicomáquea. Ed. Biblioteca Clásica Gredos.
  • Aristóteles: Política. Ed. Espasa.

 

Ana Díaz

Periodista.

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