To top
12 Jun

La escuela de 2030

La educación del futuro

Nuevas tecnologías, habilidades personales, deberes, exámenes, informes PISA, selectividad… ¿Qué tendrán que aprender nuestros hijos para ganarse la vida en el siglo XXI?

 

Últimamente he observado dos tendencias muy diferenciadas y aparentemente contrarias entre los padres de hoy en día, en lo que a educación se refiere. En realidad, son las dos caras de una misma moneda. Unos y otros están preocupados por la educación de sus hijos, y mucho, pero observan la situación desde puntos de vista muy diferentes. Todos ellos están empezando a ver que la sociedad está cambiando muy rápido. Observan que hoy en día tener una carrera y hablar varios idiomas ya no garantiza el éxito laboral, ni tampoco el personal. Están asustados porque no tienen muy claro qué tendrán que hacer sus hijos para ganarse la vida.

Por un lado, están los que se preocupan porque sus hijos no tienen los conocimientos que teníamos nosotros a su edad. Al igual que nuestros padres, ellos también quieren que sus hijos saquen buenas notas para que puedan estudiar una carrera con futuro, un master… y que hablen varios idiomas. A estos padres les preocupa que sus hijos ya no recitan los verbos de memoria, como hacíamos antes, o que se equivoquen al hacer operaciones matemáticas. Quieren que el currículum académico se amplíe aún más, que haya más horas de matemáticas y que pongan más deberes para que aprendan mejor, repitiendo una y otra vez, como hicimos nosotros. Es comprensible que piensen así, porque esta es la forma de la que todos hemos aprendido hasta ahora.

Por otra parte, están los que se interesan especialmente por la motivación de sus hijos y sus habilidades personales, pero no les preocupan tanto los conocimientos que demuestren tener a día de hoy. Son los que han escuchado que las empresas ya no buscan personas que demuestren tener muchos conocimientos, sino con habilidades personales y de comunicación. También han leído noticias en las que se dice que en los colegios de Finlandia, el país mejor parado en los informes PISA de Educación de la OCDE durante los últimos años, no tienen casi deberes, tienen menos horas lectivas y están empezando a trabajar por proyectos en detrimento de las asignaturas. Aunque les da un poco vértigo el cambio, como a todos, están empezando a pensar que no hay otra salida.

Así será la escuela en 2030

Según la encuesta “La escuela en 2030”, en la que han participado 1.550 profesores, estudiantes y responsables políticos en materia educativa de la organización WISE (la Cumbre Mundial por la Innovación en Educación, según sus siglas en inglés), en las próximas décadas los conocimientos académicos ya no serán tan importantes y se valorarán mucho más habilidades personales como la empatía o la toma de decisiones.

Este documento, que esboza cómo será la educación en 2030, señala que el rol del profesor ya no será el de transmitir sus conocimientos al alumno, sino el de actuar como guía para que el propio estudiante construya los contenidos a aprender a partir de diferentes fuentes. De esta manera, los métodos de enseñanza ya no tendrán como base la memorización rápida, sino la creatividad. Os recuerdo que estamos hablando de 2030, dentro de solo 13 años.

Lo queramos ver o no, hoy en día el conocimiento está por todas partes y cualquiera que sepa utilizar internet tiene acceso a él. No podemos negarlo, internet es un inmenso activo de material didáctico de todo tipo, en muchos casos incluso gratuito. Proyectos como Coursera, EdX o Udacity; MiriadaX o el portal de la UNED Abierta, en castellano, nos demuestran que esto no es ciencia ficción, es una realidad que ya está ocurriendo. Los profesores ya no son los guardianes del conocimiento para su grupo de clase, ni tampoco los libros de texto. Igual que no podemos ponerle puertas al campo, tampoco podemos ponérselas al conocimiento.

 

La escuela del siglo XXI

El nuevo rol del profesor

Hasta ahora, la misión del profesor era la de transmitir sus conocimientos al alumno y asegurarse de que lo había asimilado y memorizado. Hoy en día, los alumnos que quieran pueden encontrar mucha más información de la que está en los libros de texto con solo mover un dedo. Por eso, creo que la función del profesor debería ser más la de motivar al alumno a que investigue y busque su propia información, que la de meterle conocimientos en la cabeza como si fuera un recipiente. Seamos prácticos, lo que necesitan los alumnos es un guía que les ayude a discernir entre la maraña de datos que se van a encontrar, alguien que sepa investigar, resuelva sus dudas y les enseñe a diferenciar las fuentes de información veraz de las meras opiniones o inventos. Ese aprendizaje será básico para ellos a lo largo de toda su vida, porque en este mundo tan cambiante en el que vivimos nunca podrán dejar de aprender cosas nuevas.

¿Libros de texto? ¿Tecnología?

Hoy en día los libros de texto no son imprescindibles, o al menos no deberían serlo. Estar atado a un libro de texto y un currículum académico cerrado “a cal y canto” para cada curso, cuando el conocimiento está por todas partes, no es creativo ni encaja con las necesidades que van a tener los niños cuando salgan del colegio. Sin embargo, si es muy necesario que enseñemos a los niños a utilizar la tecnología, los ordenadores e Internet, no sólo para chatear y jugar, sino para aprender, porque será su fuente de información y aprendizaje a lo largo de toda su vida.

La tecnología no va a sustituir nunca al profesor. Los neurocientíficos nos dicen que estamos programados para aprender a través de la interacción con otras personas. El aprendizaje tiene una naturaleza social que es imprescindible. Y la tecnología no es lo más importante. Lo más importante es identificar objetivos de aprendizaje. Los recursos tecnológicos nos van ayudar en las prácticas educativas, pero solo serán idóneos si nos ayudan en el aprendizaje. Más aún cuando, según los expertos, las habilidades personales, como la empatía, la asertividad, la gestión de conflictos o la toma de decisiones, serán más importantes que los conocimientos en la escuela del futuro, y también en las empresas. Esas habilidades nunca podrá enseñarlas una máquina, ahí estará siempre nuestra ventaja como humanos. Pero tampoco nos engañemos, nunca podremos vencer a una máquina en almacenamiento de datos o cálculos matemáticos. No me cansaré de repetirlo: “Los niños no son recipientes que hay que llenar, sino fuegos por encender”. Esta no es una cita de un gurú de la innovación y el cambio educativo; lo dijo Plutarco, en Grecia, hace 2.000 años.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN:

 

Fotografía: Pixabay.com

Gratis para usos comerciales
No es necesario reconocimiento

 

Ana Díaz

Periodista.

No Comentarios

Leave a reply